El Instituto de Historia del CSIC participa en un estudio que reconstruye 3.000 años de historia de la viticultura ibérica

Viernes, 11 Septiembre, 2026

Leonor Peña-Chocarro, investigadora del Instituto de Historia (IH-CSIC), y el Laboratorio de Arqueobiología del centro participan en un estudio internacional que reconstruye los orígenes y la evolución de la viticultura en la península ibérica a partir del análisis de semillas arqueológicas y ADN antiguo.

Los resultados muestran que las primeras vides cultivadas llegaron a Iberia hace aproximadamente 3.000 años desde el Mediterráneo oriental, transportadas y plantadas por las comunidades fenicias, y que algunas de estas líneas genéticas han perdurado durante siglos hasta formar parte del patrimonio vitícola actual.

La investigación, coordinada por Carolina Royo, investigadora del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV-CSIC), en colaboración con Guillem Pérez-Jordà, de la Universitat de València, y Leonor Peña-Chocarro, del Instituto de Historia (CSIC), combina arqueobotánica, genética y análisis de ADN antiguo para reconstruir los procesos que dieron origen a la viticultura ibérica y su evolución a lo largo de tres milenios.

Las primeras vides cultivadas llegaron del Mediterráneo oriental

El estudio se basa en el análisis de 28 semillas de vid procedentes de yacimientos arqueológicos de la península ibérica y Cerdeña. Los resultados indican que las primeras variedades cultivadas introducidas en Iberia estaban genéticamente relacionadas con vides domesticadas originarias del Mediterráneo oriental.

Las evidencias apuntan a que la expansión de estas vides estuvo vinculada a los asentamientos de comunidades de origen oriental en diferentes áreas del Mediterráneo occidental. Estas poblaciones introdujeron variedades procedentes del este, que posteriormente entraron en contacto con las poblaciones silvestres locales.

El cruce entre las vides introducidas y las poblaciones autóctonas tuvo un papel fundamental en la evolución de la viticultura ibérica y contribuyó a generar algunos de los linajes genéticos que posteriormente darían lugar a variedades tradicionales de la península. El estudio ha identificado estos procesos de hibridación ya en semillas datadas en el siglo IV a.e.c.

Del registro arqueológico a las variedades actuales

Una de las aportaciones más destacadas de la investigación es la posibilidad de establecer conexiones genéticas entre restos arqueológicos de diferentes periodos y variedades de vid conservadas en la actualidad.

El análisis de ADN antiguo ha permitido identificar relaciones familiares entre semillas de distintas épocas y rastrear la continuidad de determinados linajes a lo largo del tiempo. Entre ellas, los investigadores han encontrado evidencias que relacionan semillas medievales con variedades actuales como 'Pasa Valenciana'.

El estudio muestra además la extraordinaria persistencia de la variedad fundadora 'Heben', que habría permanecido en cultivo durante al menos 1.100 años.

Estos resultados permiten contemplar la historia de la viticultura desde una nueva perspectiva: no solo a través de las fuentes históricas o de los restos arqueológicos, sino también siguiendo las huellas genéticas conservadas en las semillas. El ADN antiguo se convierte así en una herramienta para reconstruir los movimientos de las plantas, sus procesos de adaptación y las relaciones entre las variedades cultivadas a lo largo del tiempo.

Arqueobotánica y ADN antiguo para conocer el pasado de los cultivos

La participación del Laboratorio de Arqueobiología del Instituto de Historia pone de relieve el papel de la investigación arqueobotánica en el estudio de la relación entre las sociedades humanas y las plantas a lo largo de la historia.

El análisis de restos vegetales recuperados en contextos arqueológicos permite conocer qué plantas se cultivaban, cómo se utilizaban y cómo fueron transformándose las prácticas agrícolas. La incorporación de técnicas genéticas amplía estas posibilidades y permite abordar cuestiones que hasta ahora resultaban difíciles de responder, como el origen y la dispersión de determinadas variedades o la continuidad de linajes a través de los siglos.

En paralelo, el ICVV ha desarrollado nuevas capacidades científicas en arqueogenómica y análisis de ADN antiguo, que permiten recuperar información genética conservada en restos vegetales arqueológicos. Estas herramientas abren nuevas vías para estudiar procesos históricos de domesticación, dispersión y conservación de los recursos genéticos.

Una historia de 3.000 años escrita en el ADN

El trabajo confirma el papel de las comunidades de origen oriental asentadas en el Mediterráneo occidental en la expansión de la viticultura, pero también muestra que la historia de las vides cultivadas en Iberia no fue simplemente la de una introducción de variedades.

Una vez llegadas a la península, estas plantas interactuaron con las poblaciones silvestres locales y se adaptaron a nuevos territorios y condiciones. El resultado fue una historia de intercambios, cruces y selección que se prolongó durante generaciones.

Tres mil años después, algunas de aquellas huellas genéticas permanecen en las variedades cultivadas en la actualidad. El estudio demuestra así cómo la combinación de arqueobotánica, genética y ADN antiguo permite reconstruir la historia de los cultivos y conectar el patrimonio arqueológico con la biodiversidad agrícola que conservamos hoy.

Imagen: Elaborada por el ICVV-CSIC

  • Artículo disponible en Open Access

Pérez-Jordà, G. et al. (2026). “Eastern origin and three-millennia persistence of a founding grapevine lineage in Iberian viticulture”. Current Biology. DOI: 10.1016/j.cub.2026.08.039.

El Instituto de Historia del CSIC participa en un estudio que reconstruye 3.000 años de historia de la viticultura ibérica
Laboratorios de I+D de Arqueología: Laboratorio de arqueobiología
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